
La villa de
Cuacos de
Yuste se independizó en el año 1813 del Señorío de
Plasencia, constituyendo en la actualidad una muestra viva del típico estilo de caserío verato.
El rico entorno natural que rodea la localidad es uno de sus puntos fuertes, y fue por eso que el Emperador Carlos I de España y V de Alemania escogió sus alrededores ( el Monasterio de
Yuste) como lugar donde descansar y retirarse. De hecho,
Cuacos de
Yuste ha sido declarado como Conjunto Histórico Artístico.
Existe una leyenda histórica sobre
Cuacos relacionada con el Emperador y con su hijo bastardo: según dicen, un niño llamado
Jeromín viaja a
Yuste de la mano de sus tutores par

a ver al Emperador Carlos V que reina en España. Descubre que sólo es un anciano y siente compasión por él. La muerte del emperador acaece al poco tiempo y la tutora del niño se reprime en contar que él es hijo del rey.
En
Cuacos está la imagen de San Gil, que fue
objeto de gran veneración en otro tiempo, no solo por los habitantes de
Cuacos, sino también por los de
Aldeanueva. Existen varias versiones sobre el pleito que mantienen ambas poblaciones. Sin embargo, según los datos que existen en un documento del archivo parroquial, sucedió que los vecinos de
aldeanueva carecían de tierras más allá de sus dos gargantas y por eso a finales del siglo
XVI el Concejo de
Cuacos decidió
concederle a modo de " ensancha" unos terrenos que se extendían sobre una "villa romana".
A partir de entonces, en la fiesta de San Gil acudía el Concejo de
Aldeanueva, pero quien oficiaba la misa era el párroco de
Cuacos, ya que, aunque en la jurisdicción civil el terreno pertenecía a
Aldeanueva, en lo religioso siempre perteneció a
Cuacos.